Cinco días después del movimiento telúrico que estremeció a Colombia y causó al menos 288 fallecidos, millares de hogares afectados y casas derrumbadas, Morat logró este viernes que los acordes volvieran a resonar en Bogotá y transformó el concierto inaugural de su nuevo tour global en un tributo a los damnificados.
«Queríamos aprovechar para decirles a las víctimas que no fue fácil seguir adelante con los conciertos, pero estamos confiados de que el impacto que íbamos a generar para los damnificados era mayor», expresó Juan Pablo Isaza, según informó la agencia EFE, junto a Juan Pablo Villamil y los hermanos Simón y Martín Vargas, al hablar ante la audiencia por primera vez en la velada.
A pocos metros del recinto, en el estadio El Campín, uno de los centros de acopio principales de la nación, voluntarios recolectaban aportes de comida, vestimenta y otros suministros para los perjudicados.
En el Movistar Arena, por su parte, la agrupación habilitó cuatro módulos de entrega mediante Unicef para socorrer la contingencia y notificó que entregará una parte de los fondos de los seis recitales para la restauración de planteles educativos que el temblor dañó, en alianza con su organización benéfica Aprender a Quererte.
La luminosidad, eje central del espectáculo
Dos pantallas gigantes enfrentadas en diagonal dominaban la tarima, conformando una cúspide en la mitad del escenario. Al dar inicio al show, ambas se alzaron paulatinamente mientras los reflectores superiores iban descubriendo a los cuatro miembros del grupo.
El evento arrancó en tonos monocromáticos, con una iluminación que recreaba una precipitación pluvial sobre el tablado y transmitía la impresión de que Morat se hallaba en el interior de una armazón lumínica.
Tras las primeras interpretaciones, los visores volvieron a desplazarse y, en conjunto con los juegos de luces, transformaron aquel vértice en un prisma multicolor.
Para temas como «Cuando nadie ve» y «Ya es mañana», desde la parte superior del recinto empezaron a descender haces lumínicos hasta el escenario, generando la ilusión óptica de un gran túnel de luz.
El diseño fragmentó el prisma en ocho porciones y en cada una proyectó a uno de los músicos, de tal manera que los cuatro podían apreciarse al unísono mientras la claridad parecía cruzarlos.
La melancolía se hizo presente con «Aprender a quererte», para la cual retomaron el banjo que los secundó en sus inicios y, con «Primeras veces», surgieron proyecciones de sus primeras presentaciones en 2012, cuando el conjunto apenas iniciaba su andar en Bogotá, muy cerca del sitio donde ahora congregaba a 14.000 fanáticos.
El ayer y el hoy se combinaron durante el repertorio de más de 26 composiciones, el cual transitó por melodías clásicas y recientes, e inclusive hubo lugar para un momento imprevisto: Isaza entonó en solitario «Si la ves», un tema que la banda no tenía contemplado de entrada, en un recital que tampoco contempló cantantes invitados.
Fuente: elnacional.com