El secreto detrás de una sonrisa contenida: efectos en la mente y las emociones

María solía gesticular siempre de la misma forma: con los labios sellados. Si alguien decía un chiste, estallaba cubriéndose el rostro con la mano. Si le solicitaban una postal, apenas elevaba las esquinas de su boca. Con los años, dejó de cuestionarse el motivo. Hasta que un día, en medio de una cita, contestó casi por impulso: “Hace tiempo que no sonrío enseñando la dentadura”.

Estaba mencionando un hábito, pero igualmente de qué manera se había transformado su modo de socializar con el entorno. Porque un gesto alegre jamás es solamente un gesto, y la investigación lleva décadas intentando descifrar hasta dónde esa pequeña expresión es capaz de afectarnos.

Antes de continuar la lectura, esbozá una mueca alegre. Ahora, planteate una duda: ¿Te percibís exactamente igual que hace diez segundos? Podría parecer una simpleza, pero esa interrogante lleva más de un siglo acaparando la atención de especialistas en la conducta y neurocientíficos.

¿Primero experimentamos alegría y posteriormente gesticulamos? ¿O una sonrisa es capaz de incidir, aunque sea ligeramente, en nuestro estado anímico? Hacia finales del siglo XIX, el pensador y psicólogo William James planteó una teoría innovadora. Tal vez los sentimientos no se originaban únicamente en la mente: quizás el organismo también intervenía en dicho proceso.

Años después apareció lo que hoy identificamos como la teoría de la retroalimentación facial: la alternativa de que los músculos empleados al sonreír transmitan impulsos al cerebro aptos para modular, en cierta medida, nuestra vivencia sentimental.

Durante calendarios enteros existieron análisis que respaldaban esa premisa y otros que la refutaban. No obstante, en 2023, una revisión global divulgada en Nature Human Behaviour, que recopiló datos de numerosos estudios, determinó que las gesticulaciones de la cara sí consiguen condicionar cómo nos sentimos, si bien dicho impacto resulta sutil y está sujeto a la situación.

Bajo este panorama, sonreír no borra un conflicto, pero tampoco se trata de una acción totalmente neutral. Esto evidencia cómo nuestro semblante interviene en la forma en que transitamos las emociones.

Fuente: elpais.com.uy

DULCE TENTACIÓN NATALIE PEDROZA, CARLOS LUIS RIVAS