Medio siglo del robo al “Tren de Machiques”

El 31 de julio de 1976, el zuliano Pedro Gamarro conquistó la primera presea olímpica de plata para la nación. Un día como hoy, pero en el año 1976, Gamarro —un modesto peleador de 21 años oriundo del estado Zulia— le otorgó a Venezuela su primer metal plateado y el tercer galardón en la historia olímpica del país, tras el bronce obtenido por el triplista Asnoldo Devonish en 1952 y el oro del también pugilista Francisco “Morochito” Rodríguez en la categoría de los 48 kilogramos durante la concurrida cita de México 1968.

Sin embargo, a diferencia de los dos reconocimientos previos, Gamarro, un impetuoso peso wélter (-67 kg), dejó en evidencia ante la mirada de cientos de asistentes en el Forum de Montreal, Canadá, y frente a incontables espectadores vía satélite en todo el globo, que merecía la victoria y, en consecuencia, la medalla dorada.

Trayectoria impecable

Al revisar las crónicas de la época y la literatura que derivó del desenlace de la final boxística entre Pedro Gamarro y el germano Jochen Bachfeld, representante de la entonces República Democrática Alemana (RDA), queda manifiesto que el zuliano dominó ampliamente la contienda.

Nos evoca el texto “Grandes Noticias del Deporte Venezolano”, escrito por Carlos Figueroa Ruíz y Javier González, que el arribo a esa instancia por parte del “Tren de Machiques” —sobrenombre con el que se popularizó tras Montreal 76— no fue obra de la suerte, sino del rendimiento demostrado en eventos previos como la obtención de la medalla de oro un año antes en los Juegos Panamericanos de México.

De esta manera, selló una hazaña memorable venciendo a grandes favoritos como el monarca europeo y yugoslavo Marjan Beneš (5-0), el campeón olímpico cubano Emilio Correa (por nocaut técnico/RSC), el estadounidense Clinton Jackson (3-2) y el “otro peleador alemán” Reinhard Skricek, proveniente de la República Federal Alemana (RFA), igualmente por RSC.

La reseña del pleito Gamarro vs. Bachfeld realizada por agencias como AFP, detalló que “en el primer round —de los tres reglamentarios— Gamarro dominó el centro del ring buscando el intercambio a corta y media distancia, mientras Bachfeld se vio desconcertado por el empuje y la potencia del venezolano”.

Añade la agencia francesa que “aun con la agresividad más equilibrada, el criollo mantuvo la contundencia de sus golpes y el dominio del cuadrilátero en los dos episodios restantes. Al escucharse el campanazo final, se retiró con la plena convicción de haber conquistado la pelea y el título”.

El verdadero monarca de la afición

Al anunciarse el fallo, el árbitro yugoslavo Busic —cuyo nombre de pila jamás trascendió— tomó las manos de los dos contendientes en la lona. Cuando la voz oficial proclamó la decisión dividida (3-2) favorable a Jochen Bachfeld, la respuesta fue instantánea: el Forum de Montreal retumbó con una silbatina ensordecedora. La fanaticada canadiense e internacional comenzó a lanzar vasos y objetos al ring en claro repudio hacia los juzgadores.

Gamarro quedó perplejo, bajando la cabeza ante el desconcierto de su propio rincón. Al descender del cuadrilátero, el público de las graderías se puso de pie para brindarle a Pedro Gamarro un aplauso prolongado de varios minutos, ratificándolo por unanimidad como el “campeón moral” y el auténtico vencedor del certamen olímpico.

Los medios de comunicación internacionales calificaron mayoritariamente el veredicto como “una de las resoluciones más controvertidas e injustas”, e incluso se llegó a atribuir el resultado al contexto político de la Guerra Fría, factor que, sostienen, pesó en el criterio final de tres de los cinco jueces.

Fuente: liderendeportes.com

Radio en Vivo Miranda 100.1 FM